Mi galleta de la suerte
Distintos tipos de fortuna
Una de mis cosas favoritas son las galletas de la suerte. Ni horóscopo, ni religión. Esas galletitas son, sin duda alguna, la única representación para predecir el futuro en la que tengo fe, de la que sí acepto su veredicto, con la que creo en el azar.
En uno de mis asiáticos favoritos, el Biang Biang del Mercado de Vallhermoso, siempre hay un bol enorme con galletas de la suerte (*fortune cookies, las de la bolsita roja) en la barra. Mi momento estrella de la cena es cuando cojo una, la abro, y mientras leo el mensaje de dentro asiento con la cabeza, convencidísima de su sentido y racionalidad. Los astros se alinean, ¡ahora lo entiendo todo! Tan cínica para unas cosas, con tanta esperanza para otras.
Siempre que abro una galleta de la suerte, guardo su mensaje en la carcasa transparente de mi iPhone, aunque ahora sólo llevo dos: ‘Pronto cruzarás grandes extensiones de agua’ y ‘Hazlo todo con confianza’. La primera, fue justo un par de meses antes de un viaje improvisado a Miami con mi amigo Hugo. La segunda, en medio de un proceso de cambio de trabajo. Por favor, ¿cómo no voy a creer en esa fortuna?
Con Hugo tenemos una tradición muy básica pero, a la vez, muy nuestra. Los días que nos sentimos más difíciles de querer, agotados con la vida, cuando yo vuelvo llorando de París o él se ha gritado con tres repartidores distintos de UPS (Hugo es estilista), quedamos para cenar en Little Dragon, nuestro chino de confianza. *Aunque hace relativamente poco abrieron uno en calle Padilla (mi calle, ¡las coincidencias no existen!), el nuestro, el de verdad, es el que queda al lado de Plaza España.

Este pasado miércoles fue el cumple de Hugo, y nos reunió a todas (gays & girls) en Little Dragon. Me acuerdo que, al sentarnos, el cumpleañero me dijo: ‘tía, es la primera vez que estamos aquí con tanta gente, ¡se me hace raro!’ Nuestro sitio de llorera, convertido por primera vez en un sitio de celebración. Aunque, pensándolo bien, Hugo y yo siempre salimos de ahí celebrando la suerte que tenemos de ser amigos.
En Little Dragon no suele haber galletas de la suerte pero, para esta ocasión, Hugo compró una para cada comensal. La mía llevaba dentro el siguiente mensaje:
You are a masterpiece in a world of stick figures. Pues por supuesto. Una Katie girl en un mundo de huevos sin sal. Me guardé el papelito en mi Fendi, no abrí la carcasa del móvil.
El jueves por la noche, me puse el último capítulo de la segunda temporada de Sex and the City, ‘Ex and the City’ (uno de mis favoritos, por no decir EL favorito), en el que las chicas, en un intento de hacer sentir mejor a Carrie, se refieren a Natasha, la nueva novia y prometida de Big, como ‘the stick figure with no soul’.
Lo quise volver a ver únicamente por la escena del restaurante, cuando Big le dice a Carrie que se casa, y ese ‘don’t end it like this’ de él, tan cínico, rozando lo cruel, al ver que la reacción de Carrie no es una sonrisa y un abrazo. Él la víctima, ella la causante de esa situación bochornosa en el restaurante cuando, en realidad, es al revés.
Decidí ver ese capítulo porque ese día me había sentido un poco como Carrie en esa escena. No paraba de venirme a la mente una frase que leí hace ya un tiempo, y sobre la que escribí en mi app de notas del iPhone un tiempo después: Lamento no haberme sentido como te hubiese gustado (*la frase que leí), sé que hubieses preferido que no me doliese tanto, porque eso significaría que tú no tendrías la culpa de nada, que no habrías causado daño a nadie, como cuando nos encontramos de fiesta y me dijiste que no era tu culpa que yo aún no estuviese con otra persona. Te pusiste furioso. Pero no por verme a mal a mí, si no por tener que aceptar que, efectivamente, tus acciones habían repercutido de forma negativa en mi vida. Porque tú tenías que haber hecho las cosas bien. Porque en tu antigua relación la víctima fuiste tú, y no podías soportar la idea de que en la cabeza de alguien, tú fueses el villano. Te prometo que, si hubiese podido elegir, nunca hubiese elegido sentirme así. (*lo que escribí después)
Como es la fortuna, que decidí ver ese capítulo de SATC por el momento ‘don’t end it like this’, y me reencontré con el ‘stick figure with no soul’ que le da el sentido definitivo a mi galleta de la suerte del cumple de Hugo.
Fortuna también es el título del libro que Dua Lipa y Callum Turner estaban leyendo el día que coincidieron (ya se conocían de vista, pero ese día fue el definitivo). Se ve que no coincidieron sólo en el título de la novela, sino también en el capítulo. “So we’re on the same page”, le dijo él a ella. Una misma página que no solo era literal, sino también figurada. ¡Qué importante estar en la misma página! Seguro que Callum nunca le dirá a Dua “don’t end it like this”.
Justo hoy, mi amiga Carla me ha pedido que le recomiende un libro, que ha visto que Dua y Callum se conocieron así, y que a ver si esto funciona y empieza a atraer a otro tipo de tíos. Mis amigas, los grandes amores de mi vida, como conclusión de todo.







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